
Esta semana a sido una semana de quiebres fuertes en mi forma de ver al mundo. Ha sido una multitud de situaciones que han quebrado una parte de la inocencia que he luchado por mantener en mi interior. Ha sido una pérdida paulatina de ese espíritu de niño que nos hacer ver la vida siempre desde el punto de vista de la confianza y la alegría. No se si es una pérdida de fe o solo una evolución (o involución) de la forma en que veo el mundo. ¿Será el "es que tu eres joven y aun no sabes de la vida" que nos dicen lo más viejos cuando hablamos de ideales y utopías de un mundo justo? La verdad es que no sé. Lo que si se es que esta semana he sido testigo de acciones de un egoísmo tan profundo, de deslealtades, de xenofóbia y otras tantas manifestaciones del abanico de actitudes aborrecibles que disponemos.
Creo que este terremoto movió mucho más que el eje de nuestra tierra. Esta catástrofe mostró que el eje de nuestra humanidad se ha desplazado, quizás mucho más de lo que habíamos notado hasta ahora. Nos llenamos la boca con palabras como "caridad", "solidaridad" entre otras palabras cliché, y nos conformamos con ir a dejar unos pesos que nos sobra en una ventanilla de un banco o regalar una par de prendas que tenemos sobrando en nuestro armario para ganarnos el cielo y poder ir tranquilos a misa. No soy, a pesar de que se entienda eso de lo que escribo, una persona libre de estas actitudes. Soy tan o más inconsecuente que otros, he perdido muchas oportunidades de hacer lo correcto simplemente por vagancia o cobardía. Exijo compromiso pero no necesariamente me comprometo, en fin, tengo cosas que he hecho o dejado de hacer que me pesan en la conciencia y que me hacen incapaz de sermonear o ponerme como ejemplo de lo que es correcto o no hacer. Sin embargo hay algo que creo que ha sido una tónica en mi vida: siempre he tratado de evitar hacerle daño a las demás personas y aprovecharme de las personas que están sufriendo. Quizás por eso me cuesta entender lo que ha estado sucediendo este último tiempo. Quiero aferrarme a lo bueno que sucede, a las personas que negándose a si mismos se entregan a la ayuda a los demás, pero mi morbo, incentivado por los medios de comunicación, y los sucesos que me ha tocado vivir últimamente en el trabajo, me hacen centrarme en los aspectos más bajos del ser humano lo que me hace sentir una desesperanza muy fuerte, una vergüenza profunda de nuestra raza.
Tenemos políticos que como buitres se alimentan de la desgracia ajena para ganar poder. Valoramos más nuestras pertenencias que la vida de otros. Nos armamos con palos armas y nos trasnochamos para defender "lo nuestro" pero somos incapaces de levantar una pala para ayudar a los que perdieron todo "lo suyo". Somos esclavos del "tener" y nos olvidamos, en algún momento, que nuestra única riqueza es el "ser". Entonces que podemos pedir de nuestros representantes que no son más que un reflejo de lo que somos. Tenemos al icono del poseer riquezas como la persona que va a guiar nuestro futuro. Tenemos al rey del oportunismo y las especulaciones como la persona que va a hacer de nuestro país un mejor país. Una vez más corroboro que el niño que lucha por mantenerse vivo en mi interior pierde fuerza al entender los valores y las motivaciones que nos mueve. ¿Será que lo que somos se reduce a todo esto? Quiero cree, necesito creer que somo mejor que eso. Creo que debemos y merecemos ser más que eso.
Siento mucho comenzar este blog en un momento tan complicado para mí pero necesitaba sacar esto desde mi interior. Espero tener la alegría de compartir después una especie de "fe de errata" de mis sentimientos y pensamientos actuales.
Gracias al que le interesó leer esto.
Estoy de acuerdo contigo cuando dices que el terremoto movió mucho más que la tierra. Vemos como muchas personas están moviéndose por ayudar a quienes lo están necesitando, personas que son capaces de pensar primero en las necesidades ajenas por sobre las suyas, que dejan todo por el hermano que sufre, mientras en otros se movió el miedo, la desesperanza, el egoismo, el individualismo, sentimientos de injusticia e inferioridad y quizás cuántas otros sentimientos que explotaron y están trasluciendo lo peor que llevan dentro. Por mi parte sigo sintiéndome dentro de los que ni se mueven para un lado ni para el otro, pero ese es tema para otro día.
ResponderEliminarDentro de las muchísimas características que amo de ti, una de las que más me llena el corazón es tu capacidad de asombro frente a lo que te rodea, la capacidad de alegrarte y de ver el mundo como si lo vieras por primera vez, con los ojos de un niño. No dejes que ese niño que habita en ti se cubra por la amargura de la adultez, por la desesperanza. Los que te amamos necesitamos a ese niño para que nos siga enseñando, como hasta ahora lo has hecho, a vivir la vida con alegría y optimismo.
Te amo muchísimo. Gracias por compartir tu fuerza y tu fragilidad.